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Sueños que se desvanecen y otros que florecen

 
José es un trabajador que fue edificando su vida con esfuerzo, con muchos esfuerzos desde que la niñez lo enfrentó con el hambre, el frío, con el desconsuelo de haberse quedado huérfano cuando contaba apenas 8 años de vida y con todos cuántos retos más, que sacuden los días de tantos guerreros anónimos de que está poblada nuestra América Latina.
De lustrabotas dio el salto a vender periódicos y más tarde se enroló como obrero para ir a trabajar en la selva oriental, con las petroleras, emigrando en cierta forma por temporadas, para de un lado dejar atrás tantas necesidades que le agobiaban como hemorragia y por otro lado, con cada nuevo regreso intentar reconstruir su vida, rescatar algo de lo que había sido su familia, quizás llevar consigo a uno de los hermanos que aún no se habían sumido en el alcoholismo.
Pero cada uno de ellos tenía que labrar su vida a su manera, el mayor de todos: Elías terminó muriendo ahogado por su propio vómito tras una de sus borracheras, Manuel se enroló apoyando a unos coyoteros del Azuay y cuando finalmente consiguió llegar a los Estados Unidos -tras casi perder la vida cruzando el desierto, mordido por ratas y después de luchar contra la fiebre- se separó de ellos y se dio los modos para llegar a uno de los Estados más lejanos, para que no lo encuentren nunca, trabajó duro y aprovecho cada oportunidad que se le presentó, esforzándose como si fuera la última de su vida.
Pedro el hermano menor trabajó con él en el Oriente, por un par de años, hasta que al salir de una jornada de trabajo, Pedro y un compañero tras tomar unas cuantas cervezas, se dirigieron a casa, su amigo que le conducía de regreso a casa, perdió el control del auto chocándolo del lado en que Pedro viajaba, perdió la vida instantáneamente.
José quedaba ahora con una nueva orfandad de la que sólo pudo ser rescatado gracias a Lilian, que con mucha ternura y paciencia consiguió que no se desmorone y se pierda también detrás de los aguardientes o lo que sea que emborrache… Lilian realizaba la limpieza de las oficinas de la petrolera y supo por sus jefes lo que había ocurrido con Pedro, se enteró además de algunos detalles de la vida de José, de su trayectoria de esfuerzo y coraje, que había ganado el respeto de todos.
Lilian era una madre soltera, vivía con su abuela, sus padres eran parte del ejército de trabajadores que habían emigrado en las décadas pasadas y hace mucho que no sabían de ellos y de sus vidas en Europa. Quizás fue la soledad, la acumulación de angustias que urgían por consuelo, por ese abrigo cálido, diferente que se regala con el amor, quizás fue que tenían muchas cosas comunes, alrededor de esto de sobrevivir y a pesar de todo soñar…
Lilian, su hijo Andrés y José se juntaron en una amorosa familia acompañando a la abuela Clemencia, que tuvo suficiente vida para agradecer al cielo, a dios, al destino, a lo que sea, que su nieta había organizado su vida y que el pequeño Andrés podía crecer bien, con un padre postizo que lo amaba y jugaba con él, una neumonía aguda acabó con sus pocas fuerzas y se fue sonriente una noche en el Hospital mientras Lilian y José cuidaban de ella.
La vida se va y viene, unas semanas después de haber enterrado a doña Clemencia, Lilian supo que estaba embarazada, justo cuando José le contaba que no volvería más al Oriente, su empresa le había apoyado en la compra de una moto y se convertiría en su mensajero… tantas noticias buenas juntas, sólo pueden llegar en un sueño y es que los sueños son posibles, solamente tenemos que creer en alcanzarlos con toda la pasión.
El pequeño José, así le llamaron al nuevo hijo, llegó con mucha salud y mucha más alegría para este hogar que recibía finalmente muchas bendiciones y que superadas las penas por los seres queridos fallecidos, ahora desbordaban en felicidad por las experiencias y bendiciones invalorables que recibían a cada paso, con el crecimiento de sus hijos Andrés y el pequeño José.
José padre ahora no cabía de tanta felicidad, Andrés no reconocía más padre que él y con su hermano compartían amorosamente la compañía y juegos con su padre, Lilian no podía sentirse más plena y satisfecha, aunque se alarmaba cada vez que José y sus hijos salían a pasear en la moto, que era el entretenimiento más apreciado de los tres hombres de su vida.
Andrés tenía ya su tercer año de escuela iniciado y despuntaba como excelente alumno, leía mucho incentivado por los cuentos que José y Lilian derrocharon mientras creció, primero solo y más tarde con el pequeño José, este último era muy vivaz y era la ilusión permanente de Andrés que creciera y fueran juntos a la escuela.
Habían conseguido entrar en uno de esos programas de vivienda del Gobierno y ese mes lo dedicaron a preparar su nueva casa, durante todo el tiempo libre, trabajaron venciendo el sueño y el cansancio, querían recibir ese fin de año en la nueva casa, linda, pintada, amplia… Los pequeños fueron sus permanentes ayudantes, por ellos paraban en las noches, para contarles un cuento y hacerlos dormir y más tarde aunque cansados se amaban y soñaban, siempre soñaban, los sueños pueden cumplirse…
Querían ir a dar gracias a la Virgen, pero Lilian no podía disponer de su tiempo, como José que se daba los modos para hacer su trabajo pronto y siempre tener un tiempo para sus hijos; así que esa mañana que Andrés tuvo día libre en su escuela, pasó por la casa nueva, que habían terminado de pintar, con figuras de colores en los cuartos de los niños, algunas plantas y unas hermosas cortinas que Lilian se encargo de preparar con mucha dedicación y amor… Andrés y el pequeño José habían conseguido un puñado de flores silvestres en el parque del barrio y se embarcaron con José en la moto como siempre, el pequeño José adelante y Andrés con su casco abrazando a su papá.
La visita fue corta, porque Lilian había conseguido permiso y estaba en camino del trabajo a la casa, tenía algo que contarles, pero sólo lo iba a hacer en casa. Mientras ese momento llegaba, se dio los modos para comprar tela para cambiar las cortinas de uno de los cuartos pequeños, debía ser color rosa, pues en su vientre una pequeña nena se desarrollaba, secreto que había guardado muy celosamente, para que José no le impidiera trabajar tan arduamente ayudando en el arreglo de su casa…
José sabía que era una buena noticia pero no tenía la más mínima idea de lo que se trataba, así que controló como siempre sus emociones y regresó a casa muy emocionado por dentro, con su pequeño convoy de hijos; sin embargo su imaginación voló por un instante y perdió contacto con la vía… Un bus que estaba en su derecha, sin percatarse de la moto de José, giró a la izquierda de manera brusca, impactando la moto con los tres hombres de Lilian, el golpe los desprendió de la moto que quedó atascada entre las llantas del bus…
Mientras el pequeño José que fue protegido por el cuerpo de su padre, completamente ileso salió corriendo despavorido buscando a mamá Lilian… una mujer generosamente tierna que había presenciado el accidente, consiguió atraparlo y abrazándolo intentaba brindarle consuelo, mientras contenía sus deseos de llorar y gritar por el cuadro tan espantoso que había tenido que observar…
José tenía perdida la voz de tan infinito dolor, no de las heridas de su cuerpo, sino porque aunque no podía físicamente regresar a mirar, tras suyo Andrés ese hijo postizo que tanto llegó a querer, tampoco tenía voz, ya nunca más lo escucharía, quedó aplastado por la llanta delantera del bus y un hilo rojo terrible de su sangre, le daba cuenta del saldo terrible de este estúpido accidente… Fueron interminablemente tortuosos los minutos que tuvo que soportar hasta ser socorrido por los bomberos del lugar, mientras esto llegaba, tuvo en su espalda la mano fría de Andresito sin calor, pero insistente en desembocar en su cabeza cada una de las imágenes compartidas, con ese hombrecito hijo de la mujer que amaba, sediento de ternura y seguridad, de una caricia, de un amigo, de un soporte para crecer…
Sabía que el pequeño José estaba bien y agradecía al cielo, a la virgen que habían visitado antes pidiendo por una vida en paz, por tranquilidad y felicidad para su hogar, agradecía porque en ese momento alguien consolaba a su hijo y lo mantenía alejado de ese escenario doloroso… entre sus oraciones sin embargo, no conseguía hilar una tan sola idea de cómo explicar lo que no podía… una ola terrible de culpabilidad le atacaba y se reprochaba no haber hecho alguna maniobra para evitar esto que lastimaba tanto, el cuerpo, el alma, la memoria y seguramente su futuro…
A poco de llegados los bomberos, finalmente se rindió y perdió el conocimiento, su brazo derecho fracturado, heridas múltiples en todo su lado derecho terminaron con su fortaleza y quedo sumido en una espiral oscura de la que saldría después de algo más de 40 horas, sedado por pedido de Lilian, que quiso estar cuando José despierte y después de que Andresito había sido sepultado, lo tuvo sola y quiso despedirlo sola, sintió además que si alguien iba a sentir más la despedida sería su marido José, prefirió dejarlo fuera de ese instante terrible…
Abrir los ojos y encontrar la imagen de su amada Lilian, le lleno el horizonte de lágrimas y le quebró cualquier posibilidad de voz, volvió a clausurar sus ojos y lloró desconsolado como cuando tenía 8 años y se quedó solo, pero ahora era diferente… Lilian secó sus lágrimas, beso su cara magullada y le pidió que mirara los resultados de una Ecografía…
No era de José, era la prueba de vida de una bebé que habitaba su vientre desde hace 14 semanas y que también había decidido darle otro nombre, había tenido muchas propuestas para compartir y decidir con José, pero ahora no aceptaría otro que el de Esperanza María, porque su vida iba a cambiar para bien de su hogar y porque la Virgen María les iba a seguir protegiendo… José escuchó con una mezcla indescriptible de sorpresa, felicidad y mucho dolor…
Una bebé que se parecerá a su hermosa madre, que la había soñado tantas veces y por quien había trabajado para tener una casa con un dormitorio para esa hija que vendría más tarde… ¡Qué bendición más extraña! En estas difíciles condiciones…
Un abrazo pequeño pero fuerte lo sacó de cualquier divagación extra, el pequeño José había conseguido zafarse de la mano de la mamá y se había trepado a la cama de su padre, para hacerle sentir su alegría de saberlo bien, vivo y suyo, para compartir esto que no comprendía aun, que iba a tener una hermanita y que estaba en la barriga de Lilian… Pero que la iba a cuidar y proteger mucho cuando crezca y con quien iría a la escuela de la mano… Y que le enseñaría a jugar todo lo que compartió con Andrés… Y los cuentos…
Y seguramente muchos nuevos sueños…
“… Todas las personas mueren, pero no todas viven realmente.” William Wallace



Desde donde esté, en el lenguaje encontraré la herramienta posible, para hacerte saber que estoy contigo, que me importas y que voy a moldear con él, un amasijo de buenas nuevas que te acaricien y hagan sonreír...

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miltinho
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Fecha 14/12/2011 14:30:15
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